Había
una luz especial en Dheisheh
cuando fue tomada esta imagen, una luz diferente, por supuesto, de la
que vemos ahora y de la que ésta es solo referencia.
Desde la
mezquita la voz grabada del almuédano llamaba a la oración,
era la cuarta azalá, como decimos en castellano, en el decimoquinto
día del último ramadán -23 de diciembre de 1999,
navidades según nuestras cuentas.
La mayoría
de habitantes de Dheisheh,
al menos los que traté, eran musulmanes, y sólo puedo
recomendar una estancia en el Campo, al igual que en tantos otros sitios,
como magnífica medicina que disuelva esa especie de cálculo
nefrítico en lo cultural que son nuestros tópicos y reduccionismos
sobre el islam y lo árabe.
En occidente
padecemos de un esencialismo (¿deberíamos decir "integrismo"?)
que nos lleva, como dice la profesora Martín Muñoz, a
atribuir carácter teológico a lo que es sociológico,
a reducir la multiplicidad de comportamientos y desarrollos culturales
para construir mitologías (como en Al-Ándalus: el pasado)
o burdas descalificaciones (el islam como opresión: el presente).
En Dheisheh
todos cumplían el ayuno preceptivo en ramadán, y en la
práctica, la comida de desayuno se convertía en la única
de la jornada. Los amigos se extrañaban de que, a pesar de no
estar obligado, lo compartiera con ellos. "¿Por qué
no comes? ve a casa y come algo -me decían- no tienes por qué
respetar el ayuno como nosotros". Sorprendido, les pregunté
si se podía comer en público: "Claro que se puede,
pero muchos sentirían que es un gesto de mala educación
comer o beber delante del que ayuna desde el alba".
Dheisheh es el Campo de Refugiados
que ha visitado Juan Pablo II en su peregrinación a Tierra Santa.